Llevo muchos años viviendo en Panamá. Mi familia estaba en España y, por distintas circunstancias, nunca había podido venir a conocer el país y a visitarme aquí. El viaje es largo, de más de diez horas, y además hay que hacerlo coincidir con las vacaciones en España, que no siempre coinciden con las mías. También supone un desembolso económico importante, pues somos muchos familiares y, con los años, la familia de mis hermanos fue creciendo y también los gastos. Además, mi madre era ya mayor y no podían dejarla sola.
Este año, por fin, se decidieron a venir. Compramos los billetes de avión, hicimos las reservas de hotel y contratamos una agencia para realizar algunas excursiones. El viaje comenzaba un lunes.
Sin embargo, el sábado anterior, uno de mis hermanos se dio cuenta de que tenía el pasaporte caducado.
La única posibilidad de que pudiera viajar era conseguir un nuevo pasaporte el mismo lunes por la mañana. Tenía que acudir muy temprano a una comisaría de Policía de su provincia, conseguir que le permitieran ser el primero en ser atendido, tramitar el pasaporte en muy poco tiempo y salir inmediatamente hacia el aeropuerto para tomar, junto con el resto de la familia, un vuelo a Madrid. Allí debían enlazar con el vuelo internacional que los traería a Panamá.
Todo tenía que salir perfectamente. Si no conseguía el pasaporte a primera hora de la mañana, perdería el primer avión y, con él, el vuelo internacional y el viaje familiar que llevábamos tanto tiempo preparando.
Entonces me acordé de Chiqui, José María Hernández de Garnica. Enviado por san Josemaría, había viajado por numerosos países para dar a conocer el espíritu de la Obra, en una época en la que los viajes eran mucho más complicados y el pasaporte era imprescindible para cruzar prácticamente cualquier frontera. Pensé que, seguramente, en alguno de aquellos viajes habría tenido que enfrentarse a dificultades parecidas. Así que me pareció el aliado ideal para resolver este problema.
Le pedí a Chiqui que me echara una mano: que mi hermano pudiera conseguir el pasaporte enseguida y que llegara a tiempo para tomar los dos aviones. También le prometí que, si todo salía bien, escribiría el favor para agradecérselo. Pasé dos días incluida la noche anterior al viaje rezándole a Chiqui.
Y así lo estoy haciendo, porque todo salió bien.
MIGUEL ANGEL ESBRI

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